Destino

Es la metrópolis más poblada del mundo y la que reúne los vestigios de su pasado histórico con el presente de espléndidos edificios y conjuntos urbanos, así como sus viejas tradiciones con eventos culturales y sociales de nivel internacional. La ciudad de México ha asombrado a sus visitantes desde que los conquistadores españoles vieron el centro de la gran Tenochtitlán hace casi quinientos años: Vimos sitios tan maravillosos que no podíamos creer que fueran reales… relató Bernal Díaz del Castillo en su libro.

El centro histórico, alguna vez el concurrido corazón político y financiero de la ciudad, incluso en la época prehispánica es ahora el sitio donde probablemente más acuden los visitantes y recorren sus calles, iglesias, museos y saborean los platillos típicos o internacionales en sus restaurantes variados.

Avenida Reforma atraviesa el Parque de Chapultepec. Antes de llegar a éste, en el lado sur, frente a la Embajada de los Estados Unidos de América, y al Monumento a la Independencia coronado por una victoria alada, titila la Zona Rosa, un área de seis manzanas, dirección de los restaurantes más animados, de las boutiques más lujosas y de la vida nocturna más excitante.

En la ciudad de México existen tres zonas arqueológicas fundamentales, aparte de otros sitios en sus alrededores donde han sido encontrados vestigios prehispánicos. El Templo Mayor, en el Centro Histórico, consiste en una serie de construcciones piramidales superpuestas y es el lugar donde se encontró el monolito mexica de la diosa Coyolxauhqui. La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco muestra tres aspectos importantes de la arquitectura mexicana: el prehispánico, el colonial y el moderno. La pirámide de Cuicuilco, al sur de la ciudad, es una curiosa construcción circular semioculta por la lava que el volcán Xitle arrojó hace más de tres mil años.

Las diferentes épocas Colonial, Independiente y Moderna, nutrieron a la ciudad de monumentales obras arquitectónicas con estilos variados. La etapa de la Colonia española contribuyó con muestras sobrias y también barrocas, con casonas, palacios y suntuosos templos. Existen casas que pertenecieron a afamados condes y marqueses, quienes decoraron las construcciones con tallados y ornamentos dignos de su etiqueta social que llevaban. Palacios fueron levantados para albergar oficinas del gobierno virreinal, como el Palacio Nacional, y los templos fueron creados para los fieles católicos, incluyendo una de las obras más importantes de América: la Catedral Metropolitana. Hasta las edificaciones dedicadas a hospitales fueron creadas con fino arte y grandeza, como el Hospital de Jesús.

En el período Independiente, el estilo neoclásico imperó y modificó muchas construcciones, otorgando un aire de elegancia a la ciudad. Tal es el caso del Palacio de Minería y del actual Museo Nacional de Arte. Durante el régimen de Porfirio Díaz el estilo afrancesado y después el art-decó, vistieron nuevas colonias como la Roma y la Juárez, y enriquecieron el centro con obras magníficas como el Palacio de Bellas Artes y el de Correos. La Modernidad plasmó de grandes rascacielos colonias como Polanco, Santa Fé y avenidas como Insurgentes, donde se encuentra el edificio que alberga el World Trade Center.

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